LO MEJOR DE... cÔte basque
Tren de Rhune
Un viaje hasta el cielo.
Eugenia de Montijo, esposa del emperador Napoleón III, se aburría en el ambiente cosmopolita de Biarritz. Estaba harta de los festejos con fandangos y los príncipes rusos. Un 30 de septiembre de 1859 reunió a su corte y organizó una excursión a la cima de Larun o La Rhune. Estaba fascinada por las nieblas que se fijaban en la montaña fronteriza, desde cuya cima se podía divisar su querida y añorada España. Fue todo un acontecimiento. Un tremendo cortejo de muleros y pastores jalonó la montaña. Las damas dejaron parte de sus faldas y ropa interior en los zarzales, y los perros espantaron ovejas y caballos. Cuando coronaron los 905 metros de la cumbre estaban escribiendo una página pionera en el montañismo mundial. Desde la cruz del alto tuvieron una visión de 360 grados del todo el País Vasco.
El tipismo folclórico propiciado por Pierre Lotti y Francis Jammes, entre otros, sembraron la montaña de turistas, pero no fue hasta el 30 de junio de 1924 cuando se terminó la construcción del tren cremallera. Fue todo un acontecimiento. Los vagones, que continúan en activo, se construyeron en madera de pino y castaño de la región. Un periódico de la época indicaba que el ferrocarril subía a la increíble velocidad de 8 kilómetros a la hora. Los mismos que ahora.

