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Cristina Enea
El Hyde Park donostiarra.

El parque fue en su origen el jardín privado de la finca de los Duques de Mandas, Fermín Lasala y Cristina Brunetti. A la muerte de su esposa, el Duque donó la finca a la ciudad con la condición de que se llamara Cristina-Enea (en euskera "de Cristina"). El parque es propiedad municipal desde 1926.
Este histórico parque es un gran bosque lleno de encanto con árboles de gran porte y especies exóticas como el Ginko o el Cedro Libanés, así como verdes praderas con patos, cisnes y pavos reales. Tras las diversas obras de remodelación acometidas en el parque, éste se convertirá en el Parque Central de San Sebastián.
El palacio y la capilla del Duque de Mandas se han rehabilitado como Centro de Recursos Medioambientales.
Junto a la entrada tradicional del parque, por el Paseo Duque de Mandas, se puede acceder también por el ascensor y la pasarela elevada situados en el paseo Federico García Lorca, junto al río Urumea.
EL DUQUE DE MANDAS
Fermín de Lasala y Collado (1832-1917), duque consorte de Mandas y de Villanueva, nace en Donostia-San Sebastián en el seno de una familia acomodada. Fue un hombre de elevada cultura, versado especialmente en Historia, que ejerció como político y activo hombre de negocios.
El Duque de Mandas murió en Madrid el día 17 de diciembre de 1917, recibiendo tierra en su ciudad natal, en la que había construido una "casa de campo" rodeada por un gran jardín a la que bautizó con el nombre de Cristinaenea, en memoria de su mujer, Cristina Brunetti de los Cobos, Duquesa de Mandas y de Villanueva y Condesa de Balalcazar.
Este matrimonio no tuvo descendencia, razón por la que en su testamento el Duque instituyó a la Provincia de Guipúzcoa, representada en su Diputación, como único y universal heredero, dejando instrucciones precisas sobre la administración de su legado.
A su ciudad, representada por su Ayuntamiento, legó, entre otros bienes, la finca de Cristina-enea. El legado fue aceptado por el Ayuntamiento de San Sebastián en sesión de 27 de marzo de 1918.
HISTORIA DEL PARQUE
Cristina-Enea comenzó a ser una realidad en la segunda mitad del siglo XIX. Es un momento importante para la ciudad, pues es ahora cuando el férreo cinturón de murallas -militarmente inoperantes- es demolido, participando D. Fermín activamente en el movimiento ciudadano que gestionó los permisos necesarios para acometer tal empresa. La ciudad, una vez liberada de las murallas, se extenderá rápidamente por los terrenos arenosos ocupados en parte por las fortificaciones, pasando su población de 15.000 habitantes en 1860 a 79.000 en 1930. Por estas fechas llega también el ferrocarril a Donostia-San Sebastián, disponiendo sus instalaciones muy cerca de lo que será su residencia donostiarra.

