naturaleza

Jaizkibel
Verdes laderas sin arboleda a causa del fuerte viento.

JaizkibelNada mejor para este invierno que una excursión entre el mar y la montaña, con el profundo verde como denominador común y con unas vistas muy difíciles de olvidar. Pasear por Jaizkibel supone alejarse del tiempo, descubrir un paisaje totalmente natural, sin apenas edificaciones, con potokas (especie de pony local) pastando placidamente junto al camino mientras los barcos, al fondo, realizan la travesía del Cantábrico.

El monte jaizkibel está situado en la parte más nororiental de Gipuzkoa, casi en la frontera con Francia, pertenece a los municipios de Hondarribia, Pasaia y Lezo y desde sus praderas se divisan, por un lado, los abruptos acantilados y el mar y, por el otro, las verdes laderas desprovistas de arboleda a causa de los grandes vientos que azotan a este espacio verde de más de 2.400 hectáreas y cuya máxima cota es de 545 metros.

Aunque el orden es indiferente, recomendamos iniciar la excursión por el lado de Hondarribia para, de este modo, ir descendiendo suavemente para llegar hasta Lezo. Durante todo el recorrido utilizaremos la única carretera que une ambos municipios por lo que la excursión no tiene pérdida posible.

Debemos de llegar inicialmente hasta Guadalupe, ermita que se encuentra en la carretera de Jaizkibel a unos cinco kilómetros de Hondarribia, de fácil acceso por carretera y a poco más de media hora si elegimos alcanzarla a pie desde el centro de la ciudad. Según la leyenda, la imagen de la Virgen de Guadalupe fue hallada por dos pastorcillos de este lugar y aunque se desconoce la fecha, ya en el siglo XVI era muy venerada. Es muy venerada, por lo que es la patrona del pueblo. Se atribuye a su intersección en la victoria de 1638 sobre los franceses, puesto que la plaza salió victoriosa tras resistir durante 69 días el asedio de las tropas del Príncipe Condé.

JaizkibelLa ermita está situada en un bello paraje de incomparables panorámicas sobre la bahía de Txingudi, bahía compuesta por las localidades de Hendaya, Irún y Hondarribia. Desde su mirador se distinguen con nitidez las numerosas embarcaciones de recreo amarradas en el puerto deportivo de Hendaya y más cerca, la monumental Hondarribia vista desde las alturas.

Tras abandonar Guadalupe iniciamos el suave descenso por la carretera que nos muestra en su parte derecha numerosas colinas que llegan hasta el mar. Con una disposición paralela a la costa, las caidas hacia el mar son muy abruptas en la parte occidental, con acantilados de hasta 240 m de altura. En su parte más oriental el relieve es menos abrupto y se forman pequeñas calas y barrancadas en el devenir de los arroyos hasta en Cantábrico. En estas zonas se refugian también especies de flora muy interesantes, como algunos helechos tropicales (Woodwardia radicans, Trichomanes speciosum...), extremadamente raros en el resto de Europa.

 

 

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